Reseña: Cien años de soledad Reseña: El fin de los sueños Reseña: El laberinto de la felicidad Reseña: La Marca de Atenea Reseña: Loba

27 de abril de 2014

Iras celestiales, Douglas Adams


Título: Iras celestiales, Una investigación de Dirk Gently
Autor: Douglas Adams
Páginas: 288
Editorial: Anagrama
Fecha de Publicación: 1992
Precio: 11.12€
IBSN: 9788433923431

Saga:
Dirk Gently
 Dirk, que no comprende por qué sus acreedores se empeñan en recordarle facturas impagadas y los de la American Express amenazan con retirarle la tarjeta, tiene un peculiar método de trabajo basado en la interconexión fundamental que existe entre todas las cosas.

 No puede ser una coincidencia que en ningún idioma de la Tierra exista la expresión "tan bonito como un areopuerto". Los areopuertos son feos. Algunos son muy feos. Algunos alcanzan tal grado de feladad que solo pueden ser el resultado de un esfuerzo premeditado.

Dirk Gently, un investigador privado muy desordenado, con mucha suerte y, aunque a veces parece un tanto estúpido, con una capacidad de deducción realmente impresionante; es contratado por un hombre que dice haber visto un monstruo gigante que le quiere matar con una guadaña mientras agita un contrato.
Por otro lado tenemos a Kate Schechter, una muchacha indignada por el servicio a domicilio del que carecen las pizzerías de Londres, que no quiere viajar a Noruega y con pinguinos en su subconsciente.

Y este es sólo el principio de un hilarante libro de Douglas Adams. Lo leí hace unos meses así que, probablemente, la reseña no sea muy fiel pero hablaré de lo que me acuerdo.

Es un libro muy raro. Raro en el sentido de original y con situaciones que rozan lo absurdo. Hay grandes posibilidades de que nunca hayáis leido algo parecido.
Al principio nada tiene relación entre sí, está la investigación de Dirk Gently que cada vez se va complicando más y aporta una intriga constante a la historia, la explosión del areopuerto donde se encontraba Kate Schechter, el joven del areopuerto, la desaparición de la azafata, el viejo del hospital y la máquina de coca-cola.

A lo largo del libro todas estas historias se van juntando de las formas más imposibles que te puedas imaginar pero hasta las últimas veinte páginas nada tiene sentido. Y eso de que tenga sentido al final es muy relativo. Dirk Gently da por concluida su investigación y todos quedan muy satisfechos menos yo, que me tuve que releer esas páginas un par de veces para intentar entender algo. Al final llegé a una conclusión medianamente razonable y quedé muy satisfecha conmigo misma.
Pero no me malinterpretéis, es uno de los finales más inesperados y divertidos que he leído. Pero, de verdad, hay momentos en los que te planteas si reir, llorar, tirar el libro por la ventana o ponerlo en un altar.

Porque ahí está la gracia de este libro y la razón por la que todo el mundo debería leerlo: su autor es Douglas Adams. Desde mi punto de vista no llega a la altura de la Guía del autoestopista galáctico, pero eso no quita el tono humorístico con el que está narrado y las situaciones cómicas, absurdas, y en definitiva, que demuestran una imaginación desvordante que a veces hace que te plantees la cordura del escritor.

Otra de las mejores cosas del libro son los personajes, en especial Dirk Gently y Kate Schechter, que puede que sea mi personaje favorito, en general hay de todo: extravagantes, carismáticos, malhumorados, imposibles... pero cualquiera hará que pases un buen rato leyéndolos.
La única pega que le saco al libro es que me pareció demasiado introductorio, que no es que me pareciese aburrido ni nada por el estilo, se me hizo corto. Cuando empiezan a pasar cosas en la historia, te das cuenta de que ya se está acabando.

-¡Oh! ¡Ah! -dijo Dirk. Estaba aprendiendo una nueva técnica de conversación y estaba asombrado de sus magníficos resultados. Dirigió al hombre una mirada de respeto.
-¿Sabe usted cuántas piedras hay en Gales? -le preguntó el hombre de repente.
-¡Oh! ¡Ah! -respondió Dirk, atento.  


  

No hay comentarios:

Publicar un comentario