
Título: Mi chica revolucionaria
Autor: Diego OjedaPáginas: 109Editorial: Frida edicionesFecha de Publicación: 2014Precio: 12€IBSN: 978-84-942686-1-8
Amar es transformarse, transformar al otro y con ello al mundo que nos rodea. El amor es una forma de resistencia, un modo de plantar cara a las injusticias, es luchar por un mundo distinto, mejor. Y, en Mi chica revolucionaria, Diego Ojeda lucha contra todo porque está enamorado desde los dedos meñiques de los pies hasta el revés del alma. Diego Ojeda es sentimiento desbordante, es afecto desatado. Y precisamente es ese desajuste entre la utopía del amor que vive en él y la realidad de este país sumido crisis y expoliado por sus propios gobernantes, abonado a corruptelas, ese desfase entre su cariño sin barreras y esta desdemocracia, esta bancacracia en la que vivimos, lo que da lugar al tono irónico e incendiario de algunos de los versos de este poemario. Las chicas revolucionarias andan sueltas, vuelan sin bragas y llevan en el bolso un libro de poemas.
se arrimaron,
se tocaron,
se besaron,
se casaron,
se cansaron,
se enfadaron,
se engañaron,
desquisieron,
descansaron."
Esta codiciada obra, situada entre las más vendidas en La casa del libro durante innumerables semanas consecutivas, ya estaba tardando demasiado en caer en mis manos.
En primer lugar he de decir que no estoy acostumbrada a leer ni reseñar poesía. Tampoco me entusiasman las historias de amor y trato de rehuirlas con todas mis fuerzas; sin embargo; el romance que relata este poemario involucra mucho más.
Se le escribe al amor y al desamor; a la injusticia social y a la justicia añorada; al erotismo y en definitiva, a la vida. Todo ello a través de la figura de Mi chica revolucionaria descrita con sus luces y sombras.
A través de los diversos poemas se muestra un amor idealizado hacia una mujer que sin ser ideal, nos permite poner los pies en la tierra y luchar contra todo aquello que consideramos injusto. Se presenta a una mujer fuerte, valiente, decidida, libre, auténtica y segura de sus ideales.
Puede que la obra en sí misma bajo unos ojos superfluos parezca simple pero lo verdaderamente importante es lo que encontramos detrás. Como toda la poesía sin una buena interpretación, sin comprender el mensaje legítimo no puede disfrutarse, para ello el epílogo de Pedro Andreu será de gran ayuda.
En cuanto a lo que los versos se refiere, resultan ser pureza, frescura y sobre todo sinceridad. Diego Ojeda se muestra tal y como es, rehuyendo tapaderas. Para ello, hace uso de un lenguaje sencillo pero a la vez enfático que logra que el lector se identifique y desate dentro de sí su propia revolución.
Lo que convierte a esta obra en genuina es la relación entre los diversos poemas que cobra fuerza en su conjunto, por ello debe ser leída hasta la última línea. Por otro lado, es realmente amena y a través de la sencillez se despiertan en el lector sentimientos muy complejos.
He de confesar que yo misma no comprendí el poemario en un principio, pues son esos detalles los que constituyen la verdadera obra. Seguramente tenga que releerla para después de haber captado el mensaje global, poder disfrutarla realmente.
Esta obra susurra con delicadeza lo que la calle grita por megáfono. Pero también le grita al amor, a la vida, a la sensibilidad que se esconde en cada uno de nosotros. ¿Y tú, te atreves a escuchar?
Hay cosas que no pueden ser descritas, pues nunca se les hace justicia, sólo pueden ser vividas o en este caso, leídas.
"Desde que te conozco tengo alas porque tú me enseñaste como usarlas."










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