Eres como ese escrito que te deja con ganas de más o el melodioso sonido de una sinfonía de jazz.
No controlo si me inspiras, dilatas mis pupilas, aceleras mis latidos y potencias mis sentidos al son del mundo y su compás.
Sin embargo; lo confieso, a veces te desprecio, como poco te detesto. Te rehuyo y me persigues, por más que corro a mí me hallas y salen a relucir legañas como símbolo de todo lo que callas y jamás pronunciarás.
El anhelo de quererte me mantiene en la lucha que en continuas ocasiones deseo abandonar.
Me asomo al espejo y me veo en el reflejo de tu perspectiva altiva que me mira como aquel que concibe la seguridad del hasta ahora vencedor.
A veces te odio, otras te quiero; a veces me das vida, otras me matas pero siempre con la misma intensidad.





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