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23 de septiembre de 2015

El traficante de cómics, Pierdomenico Baccalario

Título: El traficante de cómics
Autor: Pierdomenico Baccalario
Páginas: 264
Editorial: Anaya
Fecha de Publicación: 2013





Un edificio de muros desconchados en el centro de Budapest, una familia hecha pedazos, un colegio que niega a los chicos el derecho al futuro: esta es su vida, a la que Sándor, sin embargo, no se resigna. ¿Es que acaso no existe un mundo en el que la mezquindad quede desterrada y el valor venga premiado? ¿Un mundo en el que sea posible vengar las ofensas, derrotar el crimen, castigar a los malvados, defender la libertad? Claro que existe, pero para Sándor y sus amigos, en la Hungría oprimida por los últimos coletazos del régimen, es un mundo prohibido: es el de los superhéroes: Batman, Spiderman, los Cuatro Fantásticos, Flecha Negra... 

De esta manera, Sándor toma una decisión: sembrará migajas de libertad y de justicia a su alrededor, cueste lo que cueste. Se convertirá en un traficante de cómics, siguiendo los pasos de los superhéroes que desde siempre caminan a su lado, centinelas invisibles de su fantasía. Vivirá otra vida, secreta y temeraria, hasta el día en el que un viento nuevo empiece por fin a soplar.







He rescatado esta reseña del baúl de los recuerdos de mi disco duro. El libro me lo leí hace unos dos años y por alguna razón que desconozco nunca llegué a publicar mi opinión sobre él. Conociéndome me daría pereza buscar la sinopsis o algo así. Es bastante corta pero el caso es que me ha hecho ilusión encontrarla y ver que parecía completa, sin frases a medias ni palabras sueltas sin ningún tipo de coherencia O ESO CREO, POR SI ACASO NO OS FIJÉIS MUCHO. Me he sentido muy orgullosa de mi misma.
 Además me han hecho gracia las citas que guardé del libro, es verdad que me gustó.



Con todos ustedes, la reseña de mi yo de hace dos años: 


-Un amigo es la única diferencia –dijo entonces el maestro Gabor.  
-¿Perdone? 
-La única diferencia entre un héroe y un loco.

El libro va precisamente de eso, de un traficante de cómics. Nuestro traficante es un chaval de 15 años y no es que vaya dejando cómics a sus amigos, que también, trafica de verdad.
Tal vez penséis que traficar con cómics no puede ser muy difícil, pero la vida de Sándor, nuestro protagonista, no es sencilla.
La historia transcurre en Hungría, en la época de la Guerra Fría, las democracias populares y demás, por lo que en el colegio al que Sándor  va prohíben los cómics americanos.
Obviamente, estos cómics tampoco se venden en ese país y además están en inglés, idioma que los personajes no dominan muy bien.

Y si no lo entiendes, te lo inventas. Es así como funciona con los cómics.
Pero Sándor hará todo lo que esté en su mano para conseguir aquello que tanto le gusta, aunque eso le traiga problemas.  
El libro está contado en primera persona, con un lenguaje sencillo y sin amplias descripciones que conseguirán que entiendas la situación del país a través del día a día del protagonista, sin que se te haga pesado en ningún momento.

La trama en sí, no me ha parecido especialmente compleja. No se profundiza demasiado en los personajes que no son el protagonista, pero están muy bien caracterizados y en seguida entiendes su modo de ser. La verdad es que el libro no necesitaba nada más. Al fin y al cabo Sándor te cuenta su historia y se centra en lo que era más importante para él en ese momento.

A mí me han gustado especialmente los momentos en los que el protagonista hablaba de los cómics que le gustaban, como llevaba esas historias a su vida real y las usaba para alejarse de la realidad. Eso le hacía ver cosas que no eran, tener una imaginación desbordante y ser un poco paranoico.

Tiene un final algo emotivo, pero lo que no me ha gustado nada es que hay cosas que se quedan sin resolver, como el protagonista no llega a averiguarlo y está contado en primera persona, pues tú tampoco.
Pero en general está muy bien, no es el mejor libro que me he leído en mi vida pero es autoconclusivo, no muy largo y como mínimo os hará pasar un rato entretenido.



-Supervisión: Denny O’Neil. 
El problema era si ese tal Denny O’Neil tenía realmente una “supervisión”. ¿Y qué era eso que conseguía superver? ¿Es que podía ver a través de la paredes?   

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